Cuando decidí migrar


Cuando naces en un país de latinoamerica y creces en una clase socieoconomica medio/baja, creces escuchando a los vendedores ambulantes en la calle, heredando la ropa de tu hermano mayor y a veces compartiendo el cuarto con él; una vida sin muchos lujos, sólo la comida del día a día y la cara cansada de tus padres después de un largo día de trabajo.

 Luego, cuando el tiempo pasa y las puertas de la educación se abren, comienzas a expandir tu mente y a soñar con todo lo que podrías ser y lograr, de pronto se instaura la idea de migrar hacía otro país, de cruzar las fronteras y conocer nuevas tierras y culturas; un deseo loco de explorar y alcanzar cosas que para muchos a tu alrededor suenan imposibles. Pero comienzas, buscas los medios y el camino para llegar a eso que te propusiste, te sueñas empacando maletas, tomando el avión y pisando tierras que jamás habrías imaginado conocer.

 ¡Estás loca! Te dice tu mamá entre risas y charlas, porque para ella, que nunca ha estado en un avión, suena lejano, temerario y en el fondo imposible. Sin embargo, tú continúas avanzando, obstinada y persistente aún con las dudas que te asaltan: ¿Tendré que aprender otro idioma?, ¿estaré allá completamente sola?, ¿y si al final no me siento cómoda?, ¿Si me arrepiento?

Así me sentía en ese momento, pero finalmente, y aún con las dudas propias y de los demás logré mi objetivo, tenía el tiquete hacía otro país, un país del primer mundo, un país que no habla mi idioma, uno que solo había visto en las películas. Entonces, los días previos a mi vuelo y mientras empacaba mis cosas, reflexionaba por un momento qué es lo que estaba haciendo, y si en realidad estaba loca como dijo mi mamá, ¿será muy tarde para arrepentirme? ¡SI, me respondí a mí misma rotundamente y terminé de empacar, lamentándome por no poder empacar a mi perro!

Es tiempo de partir, estoy en el aeropuerto, tengo una parte de mi vida en dos maletas mientras el resto de ella se queda en mi ciudad. Abracé a mi familia, el nerviosismo, la emoción, el miedo, la tristeza de dejarlos y un montón de emociones más que no se pueden ni reconocer, invadieron mi cuerpo - ¿En serio, es muy tarde para arrepentirme? -  Pero esta vez, no hace falta responderme, porque el tiempo corre y es hora de irse. Es el último adiós y el último abrazo.

Parece un sueño, ¿en verdad estoy haciendo esto?, pero cuando siento que el avión se estremece y escucho que el piloto dice: “Welcome to New York”, entonces sé que sí, ya lo hice, tengo que asumirlo, vivirlo y disfrutarlo.

Ahora, estoy lejos de casa, nadie habla mi idioma, no parece otro país sino otro mundo, uno que solamente existía en las películas cuando era niña. Ya no hay vendedores de frutas ambulantes, la gente ya no me sonríe en la calle, nadie me ayudó con la dirección hasta casi llevarme al lugar que buscaba

– Nadie me entiende- Pensé mientras una señora me miraba extraño cuando intenté preguntarle algo, es la tercera vez, es mejor no preguntar (grave error). Ahora, estoy más perdida que nunca, necesito tomar otro vuelo, pero no sé hacía dónde dirigirme, te das cuenta de que tu nivel de inglés B2, era solamente un papel certificado que no aplicaba al mundo real.  

- “Excuse me, Sir, do you know where is this gate, I have my flight now” – “That gate is closed”- ¿Qué, qué?, eso sí que lo entendí, perdí mi vuelo y el tipo rubio con cara dura me mira como diciéndome que me quite de ahí, así que me voy, camino a paso lento y con la mirada hacía el frente sin saber a dónde voy realmente, pero ya no hay prisa, quiero llorar, llorar mucho por el estrés que siento, estoy sola y lejos, sin mi maleta – ¿dónde están mis cosas, se fueron en ese avión?- ¡Reacciona!-  

Hay dos hombres con chalecos que parecen trabajar en el aeropuerto, me acerco tímida por mi nivel de inglés y tratando de sostener el nudo en mi garganta, siento que no soportaría otra mirada extraña. Piensa que dirás antes de hablar –“Excuse me, could you help me…-“Muy tarde, el nudo ya no es más nudo y comienzas a llorar –“I lost my flight” pareces una niña pequeña y desamparada, perdida en un parque de juegos.

Al final, el drama latino funciona, los dos hombres tuvieron consideración y te ayudaron a conseguir un vuelo sólo 30 minutos después del que perdiste, ¡así que a moverse! No quiero perder este también. Finalmente estoy ahí, sentada y directo hacía mi último destino: Seattle. Ahora que solucioné lo del vuelo, le doy atención al resto de las cosas y mi cuerpo reclama atención, han pasado 8 horas desde que comí por última vez, el vuelo dura 6 más, sólo tengo algunos dólares en efectivo y en el avión sólo se reciben tarjetas. ¡Vaya viajecito!

“Welcome to Seattle” Llegué, luego de un par de miradas indiferentes, de un vuelo perdido, de muchos arrepentimientos y un hambre atroz, llegué. Parece que todo valiera la pena ahora, atravesé las fronteras, lo hice sola, me siento más valiente de lo que nunca pensé. Pero este es solamente el comienzo, es el abrebocas de algunas de las cosas por las que voy a tener que pasar y que, así como esta vez, voy a superar aún después de los mismo muchos arrepentimientos, de otras cuantas miradas indiferentes y de algunos llantos que no siempre tendrán consuelo. Pero aún con todo eso, estamos aquí, viviendo, aprendiendo, disfrutando e improvisando.

 


Comentarios